Desde hace un par de años que voy regularmente a entrenar al box de Crossfit Montecarmelo (aclaración para personas no familiarizadas con este deporte: a las instalaciones donde se practica crossfit se las conoce como Box, y el lenguaje oficial de este deporte es el inglés).
En estos dos años, además de entrenamiento físicos que me han puesto en forma, he entrenado mucho la disciplina mental. Este deporte, como tanto otros, te saca aprendizajes directamente aplicables a tu vida personal y profesional, y me parece que merece la pena compartirlos por si ayuda a alguien. Te voy a compartir tres, aunque hay más:
- La humildad es el valor fundamental.
El día que entré por primera vez en el Box venía de haber acabado un Ironman, haber corrido una carrera de montaña de 100km y haber participado en múltiples maratones. Me creía el tipo más duro del lugar, algo así como un sheriff en el viejo oeste.
Bastaron 5 minutos de clase para darme un baño de realidad y ponerme en mi sitio. No importa de donde vienes o lo que has hecho en otros deportes, empezar un deporte nuevo implica ponerte el cartel de rookie y aprenderlo todo desde cero. Empezar a utilizar los músculos de una forma distinta, a fortalecer otros que estaban dormidos y aceptar que el nivel físico que traes aquí no importa tanto, empiezas en la casilla de inicio igualmente. Hay un camino que recorrer, y más vale que no tengas prisa.
¿Y en la vida? Pues exactamente igual. Tendemos a pensar que lo sabemos todo porque hemos trabajado en esta empresa o en aquella, porque hemos estudiado este máster o el otro, y pensamos que tenemos una posición ventajosa que nos hemos ganado a pulso y que los demás deben ver.
El que camina con esa mentalidad por la vida generalmente tropieza. Sin embargo, el que afronta cada etapa del camino como un reto en el que debe dar lo mejor de sí mismo, sabiendo que no hay atajos ni regalos, afronta el desafío con más posibilidades de éxito.
Trabajo, trabajo, trabajo y trabajo. Humilde y constante. Gota malaya.
- La comparación es peligrosa (y mata la felicidad).
Al igual que otros deportes, crossfit no lo practicas en solitario. Formas parte de un grupo y todos hacen los mismos ejercicios, aunque cada uno lo adapta a su realidad y nivel (esta es una de las maravillas de este deporte, puedes coincidir con una mujer en el tercer trimestre de embarazo, una persona en proceso de recuperación tras una cirugía o una persona que no ha hecho deporte en su vida y está empezando… y todos ellos, desde el más experimentado al más novel, se exprimen para dar su mejor versión y sudan la gota gorda, literal, para conseguirlo).
El riesgo del novato: compararse. Llegas al box y toca hacer los ejercicios que marca el entrenador, y observas como el resto de atletas se preparan, y si no tienes cuidado se te puede llenar la cabeza de pensamientos saboteadores.
“Si ese de ahí le mete 50kg a la barra como no lo voy a hacer yo también”.
“Si parece un flacucho, si él puede yo también”.
“Ese de ahí parece Thor, y yo parece que en vez de brazos tengo palitos de madera”
Danger. Como pretendas seguir a otro, sin tener en cuenta que no somos todos iguales, puedes acabar muy mal. Literalmente te puedes encontrar vomitando a mitad de entreno o abandonado porque no puedes más, o lo que es peor, sufriendo una lesión porque no estabas preparado para ese nivel (por supuesto los coaches te tratan de disuadir de asumir más de lo que puedes, pero siempre hay a quien le puede su ego y cabezonería).
En la vida ocurre exactamente igual. Miras al de enfrente y no puedes entender por qué él/ella está en esa situación y tú no, y quieres imitarlo. El resultado es infelicidad (otro tipo de lesión) y frustración.
La mentalidad ganadora en este sentido va de la mano con lo que se mencionaba anteriormente de la humildad. Conócete. No pretendas estar hoy que empiezas donde otro que empezó mucho antes que tú ya ha llegado. Lo importante lleva tiempo, la paciencia es una virtud.
- Trampas al solitario.
Lo veo a diario en algunas (pocas) personas que entrenan conmigo en el box. Hay dos formas de leer el entrenamiento, una que es correcta y otra que no.
La forma correcta es asumir que tienes que hacerlo según tu nivel y tu ritmo, y que eso puede implicar que tal vez no lo consigas hacer en el tiempo que te han dado, o que tengas que levantar muy poquito peso al principio. Puedes asumir esa realidad con paz, sabiendo que estás en proceso, que estás trabajando en construir tu mejor versión, y que los resultados llegarán.
La otra vía es en mi opinión la incorrecta, y es la de la persona que piensa que el entrenamiento es una competición de yo vs. tú (no amigo, la verdadera competición es yo vs. yo). ¿Y qué hace esta persona para ganar esa competición que solamente existe en su cabeza? Trampas al solitario.
Se puede llegar a ver personas que si hay que hacer 20 sentadillas hacen 18 pero dicen que han hecho 20. Si hay que hacer flexiones evitan que su pecho toque el suelo, y por tanto se simplifican la tarea. Si hay que hacer 100 saltos a la comba en vez de contarlos los calculan a ojo.
Trampas al solitario. ¿Para qué entrenas? Yo para mejorar mi salud física y mental, y para sentirme bien conmigo mismo. Hacer menos de lo que puedo con mi esfuerzo y sudor y falsear no me conduce a nada positivo.
Y cuanta gente camina por el mundo con ese mismo estilo de vida. Se ve y se escucha mucha gente diciendo que ojalá tuvieran tiempo para [inserta aquí lo que quieras, ver a tus padres, hacer deporte, meditar o seguir una dieta]. Todos tenemos el mismo tiempo, 24h al día, lo que cambia es cómo decidimos priorizarlo.
Pongo un ejemplo: mi hermano mayor, 5 hijos, un puesto de bastante responsabilidad en la industria aeronáutica, y no hay semana que no saque tiempo para estar con su mujer y sus hijos, hacer deporte (con amigos y con su mujer) y cumplir con sus obligaciones laborales, etc. ¿Tienen sus días 30h? No, 24h, pero se organiza y prioriza.
Querer es poder. Querer es priorizar.
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