He borrado todas mis redes sociales. No las controlaba yo a ellas, ellas me controlaban a mi.
Un pozo sin fondo de contenido basura, encefalograma plano a través de un scrolling infinito, gracias a las cuales conseguía:
- Altísimo tiempo con los ojos pegados a una mini pantalla: tiempo usado de forma muy poco efectiva, donde en lugar de haberlo dedicarlo a mis proyectos (leer, escribir, estar con mis seres queridos, rezar…) se escapaba entre los dedos sin apenas darme cuenta.
- Distanciamiento de lo que pasaba a mi alrededor: ir por la vida con la atención puesta en una pantalla te impide ver la vida que fluye entorno a ti. Observa las caras, los gestos, los sonidos… hay mucho más de lo que imaginamos ahí fuera.
- Peligrosa palanca para desarrollar el ego: el peligro de los likes, las visualizaciones, los comentarios… te puede engañar y llevarte a un mundo irreal donde encontrarás pocos beneficios, o ninguno. Si piensas que un número de likes determina lo bien/mal que te va en la vida estás muy equivocado. Por suerte yo este punto lo tengo bastante trabajado.
Sin duda me aportaban algún beneficio, como estar conectado con ciertas personas, compartir por donde vas en la vida con tus amigos, pero, ¿merece la pena? ¿hacen falta las redes para conseguir todo eso si realmente tienes voluntad de conseguirlo?.
Ayer leí media hora antes de quedarme dormido con el libro encima. Ya he ganado.


