El Real Betis se clasifica para jugar la Champions por segunda vez en su historia y mis hijos y yo ya estamos soñando con enfundarnos nuestras camisetas y bufandas para ir a la Cartuja. Solo de pensarlo se me ponen los pelos de punta.
¿De quién es el mérito de que un equipo como el Betis se clasifique para la Champions? ¿Accionistas? ¿Dirección? ¿Jugadores? ¿Afición?
Lógicamente, el mérito es compartido: no hay un solo responsable. Pero si tengo que poner los ojos en alguien, yo lo tengo claro: Don Manuel Pellegrini.
Pellegrini, junto con su equipo técnico, ha logrado que un equipo que por momentos parecía desinflado se cuele en la lista de los grandes. Ciertamente otros resultados han ayudado (gracias, Rayo) —el fútbol es así—, pero no hay que quitar ni una gota de mérito al Ingeniero.
Lo interesante para mí (tanto en el fútbol como en la empresa) es esto: ¿qué ha hecho este señor —o qué ha dejado de hacer— para que su equipo consiga un resultado extraordinario en un contexto nada fácil? Fuga de talento, presión presupuestaria, competencia feroz, expectativas altas y el ruido de cada domingo.
Desde fuera yo lo resumiría en varias decisiones de liderazgo muy poco “espectaculares”… y precisamente por eso muy eficaces:
1) Ha construido un sistema, no una dependencia de héroes
Los equipos que llegan lejos no son los que “tienen a alguien que lo arregla”, sino los que tienen una manera de jugar/trabajar que sostiene el rendimiento cuando faltan piezas, cuando hay lesiones o cuando el mercado aprieta.
- En empresa: claridad de roles, acuerdos de funcionamiento, coordinación entre áreas y un liderazgo que hace fácil la ejecución (menos dependencia de “los de siempre”).
- En el Betis: han faltado piezas importantes durante meses (Isco), han salido nombres relevantes en los últimos años (Canales, Borja Iglesias) y no siempre se ha reforzado “al nivel del deseo”. Y, aun así, el equipo compite. Porque un equipo no va de nombres propios… va de equipo.
2) Ha sostenido una idea (y la ha repetido hasta que se vuelve cultura)
Una organización se parece mucho a un vestuario: lo que hoy es un mensaje, mañana es un hábito. Y el hábito, con el tiempo, se convierte en identidad.
- En empresa: estrategia simple, pocas prioridades y comunicación coherente (no “campañas de motivación” que duran dos días).
- En el Betis: el espíritu del manque pierda: levantarse cada vez que se cae y volver al trabajo como el primer día después de una derrota.
3) Ha gestionado el foco: menos ansiedad, más ejecución
Hay líderes que, ante la presión, aceleran el caos: cambian todo, buscan culpables, inventan urgencias. Y hay otros que protegen lo importante: entrenar lo esencial, corregir lo justo y mantener la calma.
- En empresa: menos “fuegos artificiales”, más prioridades claras; decisiones con datos y conversaciones difíciles a tiempo.
- En el Betis: continuidad (sin bandazos), estabilidad en el banquillo desde 2020 y una forma de competir reconocible dentro y fuera del campo.
En resumen: Pellegrini no ha hecho magia. Ha ejercido magistralmente su liderazgo.
Viva el Betis, manque pierda.


