Alguna vez lo he contado, pero me gusta el RAP desde que soy adolescente. Lo que empezó como un estilo de música que me hacía sentir rebelde con 14 años me ha acompañado hasta hoy, que me acerco peligrosamente a los 40.
Podría venderte que ya no lo escucho por rebeldía. Que “me gustan las letras”, que “he madurado”, que simplemente hay algo en mi cabeza que no está bien conectado… pero te mentiría.
Aún lo escucho por rebeldía.
Y te cuento por qué.
El rapero de la foto —probablemente el más conocido de este género en España— es Javier Ibarra Ramos (Kase.O, de nombre artístico). Un señor de Zaragoza al que tuve la suerte de ver en directo junto a R, mi esposa, que tuvo el detallazo de acompañarme voluntariamente.
Y lo que pasó en ese concierto fue, de verdad, revolucionario.
Kase.O empezó haciendo algo que no encaja con el cliché: arrancó dando gracias a Dios.
En el WiZink nos quedamos atónitos. Yo no daba crédito, y mi mujer aún menos:
“¿Pero esto del rap no era la música de las palabrotas y la gente vestida de negro?”
Los primeros minutos fueron para agradecer: por el bien recibido, por el equipo técnico que hacía posible el directo, y por el personal de limpieza que cuidaba el espacio.
Pero no lo dejó ahí.
Durante el concierto fue dejando mensajes que perfectamente podrían haber salido del Papa León XIV, si me apuras. Algunos que todavía me resuenan:
- Visita a tus abuelos y diles que les quieres.
- Agradece a tus padres y dales cariño.
- Cuídate: cuida tu cuerpo y tu alma y aléjate de las drogas (lo de las drogas lo repitió unas 20 veces, sin exagerar; como quien sabe qué necesita escuchar su público por encima de todo).
- Vive con amor: “cuanto más amor das, mejor estás”.
Hace unos días le entrevistaban por su nuevo disco y le preguntaron algo muy del hip-hop: cómo ser revolucionario hoy en día. Al fin y al cabo, este género siempre se ha asociado a la rebeldía.
Su respuesta fue esta:
La verdadera revolución es la alegría.
Que si de verdad quieres ser revolucionario tienes que ser alegre. Saludar al conductor del autobús. Al frutero. Que no se puede vivir una vida enfadado, agresivo, mirándose al ombligo.
Y por eso sigo escuchando esta música.
Porque me inspira rebeldía.


